Yo también fui esa chica que solo se llevaba con chicos

Todas las mujeres hemos escuchado esa frase que dice algo así como que las mujeres no pueden ser buenas amigas.

Según esa frase, es porque siempre estamos compitiendo por la atención masculina, dispuestas a ponernos el pie las unas a las otras y perjudicarnos con tal de ser la más popular o la más bonita o la más lista.

Y no solo es algo que nos dicen en la familia, es algo que vemos reflejado en muchos contenidos audiovisuales. Vaya, ni las princesas de Disney tienen amigas, solo amigos en forma de ratón, cangrejo o muñeco de nieve.
Así que cuando era niña, cuando era adolescente y mucho más en la universidad, siempre fui de esas chicas que tenía algunas amigas, pero se llevaba mucho mejor con los varones.

Con ellos todo era divertido, no había competencia, ni expectativas, ni pláticas sentimentales.

Y yo cumplía mi papel de la chica cool, que en mi entendimiento era el mejor. La chica cool es esa mujer que nunca se enoja, todo lo entiende, come pizza y es la más sexy (claro, está rodeada siempre de hombres). Es uno de los chicos, pero los chicos se quieren acostar con ella.

Ser la chica cool, por supuesto, perpetúa el estereotipo de que las amistades entre mujeres no existen porque otras mujeres se sienten intimidadas por la chica cool y no siempre la tratan bien.

Así estaba yo, con 20 años, hablando con puros hombres que me endiosaban pero con un vacío por todos los temas que, si bien podía hablar con ellos, ellos no podían entender.

Si mi yo de ese momento me viera ahora. Casi 10 años después, no tengo muchos amigos hombres. Vivo rodeada de mujeres hacia quienes no siento ni un poco de envidia, ni competencia, ni nada negativo.

Llegar a este lugar no fue sencillo. Alejarme de los hombres fue fácil, me di cuenta de muchas actitudes machistas que tenían hacia otras mujeres (claro que me decían que yo no era como las demás, pero sí que lo soy).

Lo difícil fue acercarme a las mujeres de nuevo. Tenía a mis dos mejores amigas de todas la vida, pero sé que nuestra amistad es excepcional (o eso sentimos todas).

Pero eran las otras mujeres las que me preocupaban. Ya había sido rechazada en algunos círculos y tenido conflicto con otras… Con los hombres nunca me pasaba eso.

Pero poco a poco, fuera del espacio universitario y en el mundo real, a fuerza de trancazos, me fui acercando a mujeres brillantes que además querían ser mis amigas. Mujeres que me presentaban a otras mujeres y antes de que me diera cuenta, en mis fiestas siempre había un montón de mujeres chidas (y a veces sus novios).

Ahora que soy una de las primas mayores, algunas de mis parientas adolescentes me dicen: no sé cómo llevarme con mujeres. Y me da mucha felicidad poderles explicar que es una etapa, que es normal, pero que no hay nada mejor en la vida para una mujer que sus amistades con otras mujeres.

 

Fuente:ACTITUDFEM