Pertenezco a ese 10% de la población femenina que prefiere no maquillarse.

Pertenezco a ese 10% de la población femenina que prefiere no maquillarse, o tal vez sí pero de la manera más discreta posible. No es que tenga algo en contra de las grandes industrias cosméticas, sencillamente no nací con ese don.

Luego de ver las carteras de mis amigas y hermana repleta de una variedad increíble de esos productos químicos que obviamente las hace ver perfectas, me di cuenta de dos cosas: primero, y en definitiva no soy cómo todas esas mujeres, y segundo esa peculiaridad para hacer magia con el labial y la brocha de ojos no es mi mayor fuerte.

Reconozco que por décadas, incluso siglos el maquillaje ha sido el mejor aliado para una mujer –qué seriamos sin él- y no puedo negarlo de vez en cuando utilizo mi mascarilla de piel y el lápiz negro para delinear mis ojos, solo que de ahí no pasa. Veo cómo miles de mujeres poseen una infinidad de productos de todo tipo, tamaños y colores, agregando que son unas expertas en la materia.

Y a eso me refiero, en definitiva no nací con ese don y por ende prefiero no utilizar esa gran colección de productos para maquillar mi rostro pues prefiero no hacer un desastre. Admiro a todas las de mi gremio, incluso a los chicos que se maquillan porque su alma se los pide; por el contrario yo sigo pidiendo al cielo que me regale más dones porque con este en definitiva no nací yo. Me mantendré al natural mientras las artes oscuras del mundo del maquillaje se apoderen completamente de mí, mientras tanto con o sin productos de belleza sobre mi rostro siempre seré la misma.